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24 sept. 2010

VIRTUALEx: El verdadero oeste: la historia que inspiró Red Dead Redemption. Medicinas fraudulentas, bebidas y drogas


A comienzos del siglo XX, América no solo experimentó un acelerado periodo de innovación en las áreas de la tecnología, el comercio, las comunicaciones y las armas, sino también en los numerosos medios que utiliza el hombre para mejorar su salud... o para procurarse placer con la ayuda de las drogas. Aunque el uso del alcohol, el tabaco, los estimulantes y los narcóticos, tanto con fines medicinales como recreativos, data al menos del comienzo de la historia, la ciencia y la industria modernas (impulsadas por la dureza de la vida en la frontera norteamericana) fomentaron su proliferación y la generalización de su uso. La temeraria indulgencia inicial con respecto a medicinas de dudosa procedencia y "aceites de serpientes", bebidas alcohólicas ilegales y drogas alegales dio paso a la vigilancia, reemplazada luego por la precaución y, finalmente, por la regulación, tras la elección del presidente Teddy Roosevelt, cuyas políticas progresistas hicieron un serio esfuerzo por separar medicinas reales y remedios útiles de panaceas y venenos peligrosos (encarnado en normativas como la ley sobre Drogas y pureza de alimentos de 1906 y la ley Harrison de 1914). El último capítulo de la serie El auténtico oeste se centra en productos como estos, capaces de alterar la mente, cuyas referencias históricas pueden encontrar los jugadores por todo el mundo de Red Dead Redemption.


TABACO DE MASCAR

El vaquero que masca despacio y dispara deprisa es un icono. Esto se debe a que, en la época en la que está ambientado Red Dead Redemption, el tabaco de mascar era el método más popular de obtener la estimulación de la cocaína, así como la forma más fuerte del tabaco. El uso de esta droga en su forma de mascar procede de los nativos con los que se encontraron los europeos en su colonización de América... y que estos americanos nuevos no tardaron en encontrar placentera e irresistible. John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, confesó en una ocasión que, "en su juventud fue adicto al uso del tabaco en dos de sus misterios, fumado y mascado".

A comienzos del siglo XX, el tabaco de mascar se utilizaba también en cataplasmas para heridas y se creía que aliviaba el dolor de muelas, entre otros. El sur de los Estados Unidos dominaba la producción de tabaco y muchas de las compañías tabaqueras actuales comenzaron a venderlo en esta forma hace más de un siglo. El tabaco de mascar era tan popular que sobrevivió a las prohibiciones del tabaco de fumar aprobadas por el Congreso (1871) y el Senado (1914). En tiempos de esta última prohibición, los cigarrillos habían empezado a amenazar el predominio del tabaco de mascar, gracias a novedades como el tabaco pre-mezclado y ya enrollado.

COCAÍNA
La cocaína, otro estimulante de mala fama, lleva consumiéndose en nuestro mundo desde hace al menos 15 siglos. Se han encontrado pruebas del uso de hojas de coca (de las que se extrae la cocaína) en tumbas peruanas del año 500 d.C., y también (aunque esto es objeto de mayor controversia) en las de los faraones egipcios, milenios antes. A mediados del siglo XIX, el invento de un "vino de coca" por parte de un empresario corso (¡la primera "conexión francesa"!) dio comienzo al comercio de este producto que, en menos de 50 años, ya se ofrecía en catálogos y droguerías de todo el mundo para combatir males como la depresión, el dolor de muelas, el insomnio y la neuralgia. Otra de sus consecuencias fue la invención de la famosa bebida Coca-Cola por el farmacéutico de Atlanta John Pemberton.

El profesor de Red Dead Redemption, Harold MacDougal, para quien la cocaína es “una droga muy notable”, no estaba solo entre los personajes ilustres de la sociedad que alababan este vicio. Entre los famosos de la era victoriana que defendieron el uso de la cocaína estaban el siquiatra Sigmund Freud, la actriz Sarah Bernhart y el inventor Thomas Edison. Incluso novelistas como Sir Arthur Conan Doyle, cuyo principal personaje, el famoso detective Sherlock Holmes, utilizaba la droga sin disimulo en las novelas, y Robert Louis Stevenson, cuyo relato sobre el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde se cree influido por la droga (o, como mínimo, está lleno de alusiones a la misma), representaron la cocaína en la literatura clásica de su época.

El uso de la cocaína se popularizó de manera extraordinaria a comienzos del siglo XX, pero irónicamente, para entonces, las mismas élites que antes la habían abrazado la condenaban. Para empezar, la ley sobre Drogas y pureza de alimentos de 1914, precursora de la actual agencia de alimentos y drogas, solicitó la regulación del uso de drogas adictivas en la comida y la bebida, lo que obligó a marcas como Coca-Cola a alterar sus fórmulas. Cuatro años después, el presidente Taft advirtió al congreso de que la droga era “más atroz por sus efectos que cualquier otra sustancia adictiva utilizada en los Estados Unidos [y era] el hábito más amenazante jamás aparecido en este país”. En acusado contraste con su visión anterior como una panacea para la gente pudiente, una serie de historias luctuosas de “negros” imbuidos de poderes sobrehumanos y dominados por una furia aterradora convirtieron a la cocaína en una amenaza de naturaleza racial. Ese mismo año se aprobó la ley Harrison, que sometía a un profundo control (impuestos incluidos) la distribución de drogas hasta entonces legales, como la cocaína, el opio y la heroína.

ACEITES DE SERPIENTE Y OTRAS MEDICINAS PATENTADAS

El término “aceite de serpiente” está tan asociado con charlatanes, timadores y fraudes que los orígenes legítimos del producto suelen caer en el olvido. En China, donde se lo conoce como shéyóu, el aceite de serpiente se consideraba (y todavía se considera) un buen remedio para la artritis, la bursitis y otras formas de inflamación y dolor articular. Los indios americanos utilizaban grasa de serpiente de cascabel con fines similares. Incluso se decía que los antiguos egipcios utilizaban grasa de serpiente en algunos de sus remedios. Hecho de la grasa y los aceites de la culebra china, el aceite de serpiente contiene más ácido timnodónico (una forma de omega-3, la sustancia que se encuentra en aceites de pescados como el salmón y en la leche de los seres humanos) que ninguna otra fuente conocida. Es algo así como una alternativa natural a la aspirina, un tónico que ayuda a John Marston a rellenar por completo su indicador Dead Eye y así enfrentarse a sus enemigos con la cabeza despejada y la mano firme.

Algunos dicen que el uso despectivo del término “aceite de serpiente” para hablar de medicinas fraudulentas comenzó cuando los inmigrantes chinos trajeron este remedio al viejo oeste y lo compartieron con los americanos de ascendencia europea. Otros se decantan por el antes mencionado uso de la grasa de serpiente de cascabel por parte de los indios. En cualquier caso, los vendedores de medicinas fraudulentas solían ridiculizar los aceites de serpiente legítimos para ensalzar sus propias curas “milagrosas”, muchas veces en pintorescos espectáculos ambulantes de medicina, como el que el Dr. Nigel West Dickens pide a Marston que realice en una de las primeras misiones de Red Dead Redemption.

Cuando el famoso escéptico y desenmascarador de farsantes, el periodista del Collier’s Weekly Samuel Hopkins Adams comenzó a derribar este tipo de mitos, la opinión pública pasó de observarlas con asombro perplejo a exigir al gobierno que supervisara los remedios que inundaban el mercado. El trabajo de Adams suele citarse como una de las inspiraciones principales de la ley sobre Drogas y pureza de alimentos, una de las leyes que mejor ejemplifican la filosofía progresista que implantó Teddy Roosevelt en su acción de gobierno, así como el principio del fin para las drogas y sustancias sin reglamentar que se ofrecían a una ciudadanía de mentalidad cada vez más consumista.

EL OPIO, EL LÁUDANO Y LA MORFINA

Las propiedades medicinales del opio se conocen casi desde el principio de la historia humana y se dice que al menos uno de los padres fundadores, Thomas Jefferson, lo cultivaba en los jardines de su residencia de Monticello. Además, importantes escritores del siglo XIX como Oscar Wilde, Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, Samuel Taylor Coleridge y otros defendieron el uso de este producto de la amapola.

Pero el generalizado abuso del opio y sus derivados durante la sanguinaria carnicería de la Guerra Civil provocó la multiplicación de adictos entre los veteranos de guerra. Si añadimos a esto la aparición de fumaderos de opio con fines recreativos, fundados por algunos de los chinos que habían emigrado a América en gran número en tiempos de la fiebre del oro y el salvaje oeste, y también la generalizada curiosidad (por no decir ingenuidad) hacia el consumo de las cada vez más numerosas drogas en tiempo de Red Dead Redemption, no es de extrañar la enorme popularización del opio, el láudano y la morfina en los albores del siglo XX. En concreto, el láudano se recetaba para la diarrea, o a las mujeres que sufrían mareos matutinos o dolores menstruales, y se podía conseguir mediante catálogos de la época como los de Sears. Las mujeres sufrían de manera desproporcionada la adicción a los opiáceos: la esposa del presidente Abraham Lincoln, Mary Todd, era una famosa adicta al láudano.

Irónicamente, la morfina solía utilizarse del mismo modo que hoy la metadona entre los adictos a la heroína, como alternativa de menor peligrosidad para ayudar a los usuarios del opio y el láudano a abandonar el hábito. Como sucedió con otras drogas potentes cuya peligrosidad se subestimó inicialmente, se produjo un creciente incremento de la regulación y el control de estos narcóticos en la época que recrea Red Dead Redemption y los años anteriores. Este movimiento se representa en el juego mediante los dibujos animados "Los peligros de los médicos y las medicinas fraudulentas" que, con el patrocinio de la Liga de la Templanza y la Liga Anti-saloon, se pueden ver en el cine. Es nuestro homenaje a grupos como el Partido Prohibicionista, la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza y la Liga Anti-saloon, que presionaron sin descanso hasta conseguir regulaciones gubernamentales como la ley sobre Drogas y pureza de alimentos, la ley Harrison de 1914 y, más adelante, la Prohibición.

MOONSHINE
El nombre de este licor de destilación casera, derivado de los contrabandistas ingleses del siglo XVIII conocidos como "moonrakers", evocaba ya sus orígenes ilícitos siglos antes de que la Prohibición intentara en vano prohibir las bebidas alcohólicas a escala nacional. Esto se debe a que, como muchas otras y perdurables tradiciones americanas, el moonshine se popularizó gracias a una mezcla de espíritu empresarial y desconfianza hacia los impuestos. Los elevados costes de las dos grandes guerras norteamericanas, la Guerra de Independencia y la Guerra de Secesión, llevaron a los políticos a aumentar los impuestos por la venta del alcohol. Para la gente del campo, que necesitaba el moonshine para ganar un poco de dinero extra en época de crisis, esto era inaceptable, así que siguieron vendiendo su licor sin compartir los beneficios con los recaudadores. Una fuente calcula que, antes del cambio de siglo, se vendían entre cinco y diez millones de galones de licor ilegal al año. Muchos norteamericanos, incluida gente de clase media como médicos y tenderos, vendían moonshine clandestinamente para sacarse unos dólares extra. En Red Dead Redemption es normal encontrarlo en los estantes de la consulta del médico o en las tiendas. Aunque en aquella época se creía equivocadamente que un trago de alcohol podía aclarar la cabeza a un alma cansada o enferma, muchos de los consumidores de moonshine se arriesgaban a sufrir efectos mucho menos agradables, dada la falta de normativa sobre su producción. De vez en cuando se añadían ciertos elementos al moonshine, por accidente o para potenciar su sabor, elementos que a veces podían ser tóxicos, como el metanol, el plomo o incluso la lejía.
Publicado por www.experpento.es
Fuente: Perception&Image

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